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martes, 25 de marzo de 2014
Entre habla pueblo habla y l´estaca
En medio de la avalancha informativa tras el fallecimiento de Adolfo Suárez recordamos de pronto una parte de nuestra historia. Ese conjunto de sobreentendidos, presencias y ausencias que a trompicones van tejiendo las sociedades. Unas con más franqueza y otras envueltas en silencios. Discurrimos por la geografía sentimental de las canciones que proclamaban cosas que eran normales en países avanzados pero que aquí, salvo para los que estaban en vanguardia y a la izquierda, era necesario proclamar para conducir a la gente en una dirección. Hemos escuchado libertad sin ira sobre un derecho que no se otorga, se gana, situado en un futuro impreciso, y si no la hay, sin duda la habrá. O aquel Habla pueblo habla, tuyo es el mañana. Pues sí, y el presente. Hay en esa ceremonia algo de nostalgia, algo de verdad, algo de oportunista y algo de oportunidad. Debería servir para revisitar un tiempo político del que somos hijos con sus virtudes, que hay que recuperar, y sus defectos que hay que subsanar con urgencia, cada uno desde su óptica ideológica y territorial. El fallecimiento de un hombre que calló y se convirtió en una ausencia podría servir para despertar a una sociedad que tiene que asumir su poder y su responsabilidad.
Había más canciones. L´estaca, Lluís Llach.
lunes, 24 de marzo de 2014
Suárez y la democracia
El fin de semana ha terminado escrito en blanco y negro tras la noticia de la muerte de Adolfo Suárez en el día después de la impresionante marcha por la dignidad que ocupó el centro de Madrid. En coincidencia con una protesta así falleció Suárez y todo lo demás se apagó. Primero apareció el Rey y llevamos horas recordando aquella transición. Era un hombre que ya no estaba con nosotros desde hacía tiempo, que tenía la enfermedad del olvido. Cuando se apagó sabía cosas que aún no sabe casi nadie, porque los documentos que explican episodios muy importantes del fin de la Dictadura y el asentamiento de la democracia siguen estando clasificados y ni siquiera pueden ser consultados. Los valores políticos de Adolfo Suárez, que, por cierto, se echó a un lado sin agarrarse a ningún sillón, se exponen como argumento para intentar apuntalar o rescatar un régimen que, por pura necesidad, encara un cambio de ciclo. Un cambio de ciclo que debería acabar en que esta democracia aún titubeante llegara a la mayoría de edad.
Adolfo Suárez, Informe semanal.
viernes, 19 de julio de 2013
Adiós a Geluco, al vent
Si algo tenemos que agradecer a esta crisis loca y a las cosas que están pasando y nos están violentando es que de nuevo la política está volviendo a las conversaciones habituales. Hay gente que siempre la ha tenido presente, la política de las ideas, la que sirve para la mejora social. Ha fallecido, en una semana loca, Geluco Guerreiro, un referente absoluto en la construcción de la izquierda en Galicia. Perteneciente a una generación que pilotó la llegada hasta aquí. Con sus aciertos y sus errores siempre con la intención de dignificar la vida de la gente. Para mejorarla con honestidad y bonhomía, en una lucha continua contra la injusticia y la falta de libertad. Con una capacidad de compromiso que hizo que muchos de ellos, y muchas de ellas, déjennos enseñar la patita a nosotras las mujeres, fueran a la cárcel, él fue, vivieran dobles vidas y se arriesgaran. Fueron valientes y pusieron en nuestras manos una herencia con muchas cosas que mantener. Y las generaciones que tomamos conciencia social en los 70 en los 80, recogimos esa herencia como algo que ya estaba hecho, olvidando el dolor. En un día como hoy, cuando hay que volver a decir adiós, hay que dar las gracias. Y deberíamos comprometernos a seguir. Se lo debemos.
Al vent.
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