Mostrando entradas con la etiqueta Samaín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Samaín. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de octubre de 2013

María Pita, Samaín, Fito, viene y va




Una ciudad se hace a borbotones y es la demostración de lo fugaz de la vida de cómo para vivir hay que dejar morir y avanzar. La Plaza de María, el centro de A Coruña, se llamaba campo del derribo allá por 1806 cuando era el lugar en el que la ciudad se abría al mar tras derribarse la muralla histórica. No existían los Cantones, ni se había construído el ensanche, ni los Jardines del Relleno. En 1876 empezó a llamarse Plaza de María pita y de ahí hasta aquí. Cerca de 100 fotos sobre su historia se pueden ver desde hoy en los comercios de la Ciudad Vieja y la zona Obelisco, la mayoría de dos grandes Alberto Martí y Pepucho. Hay cosas que cambian, otras que permanecen y cosas que vuelven. La Plaza inmutable, esperemos que algún día sin terrazas, se ha convertido en una realidad incuestionable para la gente de A Coruña en esta época de vértigo. Y las murallas se están recuperando en un empeño que merece la pena subrayar por parte de gobierno municipal. Todo va a viene, y algunas cosas se quedan. Quien nos lo iba a decir, a nosotros, que volvemos a celebrar el Samaín pensando que celebrábamos el Halloween.

Viene y va, Fito y Fitipaldis.



viernes, 2 de noviembre de 2012

Samaín




Estamos encajados en un puente que tira de tradición, porque tiene que ver con la vida y la muerte. La noche del 31 de octubre arrancaba el año nuevo celta. Era, además, Todos los Santos. Y las calabazas reinaban en esa recuperación del Samaín que llega por la americanización de nuestra sociedad que hace que, hablando de Hallowen, hayamos caído en la cuenta. En la cuenta de que nuestros abuelos también vaciaban calabazas y las alumbraban para ahuyentar a los espíritus en noches como la del 31. Se ha producido tal fractura en la transmisión de lengua y tradiciones en Galicia que nos hemos olvidado de muchas de las costumbres que nos hacen únicos en el mundo, porque cada pueblo es único. Y la tradición celta heredada de los emigrantes irlandeses a Norteamérica nos ha hecho conectar con algo que habíamos perdido. Increíble, pero cierto. Nuestros muertos vuelven pidiendo su sitio. Vía Estados Unidos.

La labor de recuperación de la tradición en colegios e institutos y la contribución del profesorado de nuevo en la reconstrucción de la memoria ha sido determinante. Un ejemplo, ya de 2003.